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Los peligros de un mal presupuesto de obra: quién paga el error y cuándo

Un presupuesto mal hecho no se queda en el papel: el constructor pierde margen, el promotor se queda sin financiación y los dos acaban peleando por modificados y reclamaciones. Qué pasa en cada fase de la obra.

Publicado el 8 min de lecturaPr3cise

Edificio de hormigón a medio construir y abandonado, con la grúa parada

Un mal presupuesto de obra casi nunca se nota el día que se firma. Se nota meses después, cuando la certificación no cubre lo gastado, cuando el banco pregunta por qué la obra va por detrás del calendario o cuando aparece la primera partida que nadie midió. Para entonces el error ya no es una cifra en una hoja de cálculo: es dinero que alguien tiene que poner.

No es un problema raro. En el estudio de Flyvbjerg, Holm y Buhl (2002) sobre 258 proyectos de infraestructura de transporte, los costes se infravaloraron en casi 9 de cada 10 casos y el coste real superó de media en un 28% al previsto. Y esa tendencia no había mejorado en 70 años.

Este artículo no trata de las causas, que repasamos en las formas más habituales de arruinar una obra, sino de las consecuencias de un presupuesto mal hecho: quién lo paga, en qué fase le llega la factura y por qué un error pequeño rara vez se queda pequeño.

Por qué un mal presupuesto de obra no falla una sola vez

El presupuesto es la base de casi todas las decisiones de una obra: la oferta de la constructora, el préstamo del promotor, el plan de obra y los contratos con subcontratas y proveedores. Si la base está mal, todo lo que se apoya en ella hereda el error. Por eso la estimación de costes de obra no es un trámite: es la primera decisión de riesgo del proyecto.

Y las desviaciones son la norma, no la excepción. Según la base de datos de Bent Flyvbjerg, con más de 16.000 grandes proyectos de todos los sectores (no solo construcción), apenas el 8,5% terminó en plazo y en presupuesto, como recoge una reseña de How Big Things Get Done (2023). En la encuesta de KPMG (2015) a 109 directivos, solo el 31% de sus proyectos de los tres años anteriores se desvió menos de un 10% respecto al presupuesto.

Un error de presupuesto no desaparece: cambia de manos. Si no lo absorbe el margen del constructor, lo paga el promotor en modificados, o lo pagan los dos en una reclamación. La única pregunta es quién y en qué fase.

Para el constructor: ganar la obra que te hace perder dinero

La maldición del ganador

Cuando varias constructoras pujan por la misma obra, la oferta más baja no siempre es la de quien mejor trabaja. A menudo es la de quien se ha dejado algo fuera: una partida sin medir, un precio desfasado, unos medios auxiliares que nadie sumó. Los economistas lo llaman la maldición del ganador: te adjudican la obra precisamente porque tu presupuesto era el más optimista.

Un ejemplo hipotético. Una constructora gana una obra de 400.000 € y espera un beneficio industrial de 24.000 € (un 6%). La estructura, que pesa 120.000 €, está medida un 15% por debajo: faltan 18.000 €. Ese error alarga el encofrado y la grúa y suma gastos generales de obra: otros 9.000 €. Resultado: 24.000 − 18.000 − 9.000 = −3.000 €. La empresa ha ganado la licitación y va a pagar por construir.

Sin margen a mitad de obra

El agujero rara vez se ve al principio: aparece cuando llegan las partidas mal medidas. Para entonces el contrato está firmado, las subcontratas tienen su precio cerrado y quedan dos salidas malas: negociar con el promotor desde una posición débil o recortar donde no se debe, en medios, calidad o plazos.

Tensiones de tesorería

Las certificaciones se calculan con los precios del presupuesto. Si esos precios están cortos, cada certificación cubre menos de lo que has gastado. Siguiendo el ejemplo: si un mes certificas 50.000 € y has pagado 62.000 € en materiales, jornales y subcontratas, pones 12.000 € de tu caja. Tres meses así suman 36.000 €, más que todo el beneficio previsto. Así se queda sin liquidez una constructora rentable sobre el papel y empieza a retrasar pagos.

Un constructor revisa una obra que se ha quedado sin margen a mitad de camino
Un constructor revisa una obra que se ha quedado sin margen a mitad de camino

Para el promotor: financiación que no llega y obra parada

La financiación se calcula sobre un número equivocado

El préstamo promotor, los fondos propios y el precio de venta se fijan a partir del presupuesto. Si se queda corto, al promotor le falta a mitad de obra un dinero que nadie ha comprometido. Ejemplo hipotético: una promoción con un presupuesto de ejecución de 1.200.000 € que acaba costando un 15% más necesita 180.000 € adicionales. El banco no está obligado a ampliar el préstamo: ese dinero saldrá de fondos propios, de un socio nuevo o de una renegociación en peores condiciones.

Hay además un efecto fiscal: el ICIO se liquida de forma provisional sobre el presupuesto presentado y el ayuntamiento lo regulariza al final sobre el coste real. Si el presupuesto era bajo, la diferencia llega con la liquidación definitiva.

Obra parada y retrasos

Cuando el dinero no llega, la obra se para. Y una obra parada no cuesta cero: siguen corriendo los intereses del préstamo, el alquiler de medios, la vigilancia y las fechas de entrega comprometidas con los compradores.

En obra pública, los retrasos pueden medirse en años. El Tribunal de Cuentas Europeo (2020) atribuyó a cambios de diseño y alcance un sobrecoste del 47% en ocho grandes proyectos europeos de transporte; entre ellos, la Y vasca costaba un 39% más de lo previsto y acumulaba 13 años de retraso.

Riesgo contractual: modificados, contradictorios y reclamaciones

Un presupuesto incompleto no elimina el coste de lo que falta: lo aplaza. Lo que no se midió reaparece en obra como modificado o como precio contradictorio: un precio nuevo para una unidad no prevista, negociado con la obra en marcha, sin competencia y con prisa.

En la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona, el Tribunal de Cuentas (informe de 2013) comprobó que 356 contratos de obra se adjudicaron con un ahorro del 9,2% sobre el precio de licitación. Tras 69 modificaciones, obras complementarias, revisiones de precios y liquidaciones, ese ahorro «se transformó finalmente en un sobrecoste del 35,8%» sobre lo previsto.

En la línea Barcelona-frontera francesa, otro informe del Tribunal de Cuentas (2017) señaló que el 49% de los contratos de obra analizados se modificó, con un 11,6% más de coste, y atribuyó esos modificados casi por completo a errores u omisiones del proyecto original, no a imprevistos. Y el plazo de ejecución de las obras creció un 113,4%.

En obras civiles públicas españolas con modificado, Alonso-Iglesias y otros (2023) calcularon un modificado medio del 16,52% con la Ley 9/2017, frente al 9,99% del régimen anterior. En Italia, Decarolis (2014) halló que al menos la mitad del ahorro logrado al adjudicar al precio más bajo se perdía después en renegociaciones.

Cuando la negociación falla, llega la reclamación. En la base de datos de HKA (2025), con más de 2.200 proyectos de 114 países, las cantidades en disputa equivalían de media al 33,4% del presupuesto del contrato, y las prórrogas que pedían los contratistas, al 65,8% del plazo previsto.

El efecto cascada: una partida mal medida arrastra a las demás

En un presupuesto de obra casi nada es independiente. Si la medición del forjado está corta, no falla una línea: fallan el hormigón, el acero, el encofrado, las horas de grúa, el plazo de la estructura y todo lo que va detrás, desde la albañilería hasta las instalaciones. Un presupuesto por partidas con sus descompuestos permite ver de dónde sale cada euro y seguir esas dependencias antes de firmar.

El error, además, se paga dos veces: en la partida y en el trabajo que hay que rehacer. Según Love (2002), en 161 obras australianas el retrabajo explicaba el 52% del crecimiento del coste. Con datos de 359 proyectos del CII, Hwang y otros (2009) señalan que solo el coste directo del retrabajo suele rondar el 5% del coste total de construcción.

Los cambios también frenan a los equipos. Ibbs (2012), con una base de 226 proyectos, observó que cuando los cambios no pasaban del 5% la productividad superaba lo planificado en el 60% de las obras, pero cuando superaban el 20% nunca alcanzaba lo previsto. Por eso conviene medir partida a partida desde los planos, como en un servicio de mediciones y presupuestos de obra: los problemas se ven sobre el papel y no en la obra.

Quién lo sufre y en qué fase de la obra

Así se reparte la factura de un presupuesto mal hecho según la fase de la obra:

FaseConstructora y subcontratasPromotor o propiedad
Licitación y adjudicaciónGana con una oferta a la que le falta algo (maldición del ganador)Elige la oferta más barata sin saber que está incompleta
Contratación y financiaciónCierra precios con subcontratas y proveedores sobre mediciones cortasPide el préstamo y compromete fondos propios sobre un coste que no es el real
EjecuciónMargen agotado, certificaciones que no cubren el gasto, tensión de tesoreríaModificados, precios contradictorios y obra parada si falta dinero
Cierre y liquidaciónReclamaciones, liquidación conflictiva, relación rota con el clienteRetrasos en la entrega, disputas y regularización del ICIO sobre el coste real

El riesgo que no sale en la cuenta de resultados: la reputación

Una constructora que pide modificados en cada obra acaba con fama de ofertar bajo para recuperar después, y promotores y arquitectos lo recuerdan en la siguiente licitación. Si además retrasa pagos, las mejores subcontratas dejan de pasarle precio. Y las pérdidas quedan en las cuentas, que el banco revisa antes de renovar las líneas de avales.

El promotor también paga en reputación: ante los compradores que esperan su vivienda, ante el banco de la siguiente promoción y ante sus socios. Y el técnico que firmó un presupuesto irreal pierde la confianza de un cliente que decidió con esos números.

Cómo cortar la cadena antes de firmar

Ninguna de estas consecuencias empieza en la obra. Empiezan en la mesa, cuando se da por bueno un presupuesto sin mediciones completas, sin descompuestos o con precios de otra época. El momento más barato para corregirlo es antes de ofertar o de pedir financiación, como explicamos en cómo ahorra dinero la estimación de costes.

Pr3cise es una oficina técnica de estimación de costes que trabaja en remoto para constructoras, empresas de reformas, instaladores, promotores y arquitectos. Nos envías los planos, y las mediciones si las tienes, y en pocos días recibes un presupuesto listo para presentar, con partidas, descompuestos y precios de mercado actualizados, en Excel, PDF o, si lo necesitas, BC3/Presto. Si tienes una oferta o una financiación en marcha, pide un presupuesto.

Preguntas frecuentes

Para el constructor, pérdida de margen, falta de liquidez y, en el peor caso, trabajar a pérdidas. Para el promotor, financiación insuficiente, obra parada y retrasos en la entrega. Para los dos, modificados, precios contradictorios y reclamaciones que pueden alargarse meses. Además, un error en una partida suele arrastrar a otras, porque mediciones, plazos y medios auxiliares dependen unos de otros.

Depende del contrato. En un contrato a precio cerrado, el constructor asume por lo general sus propios errores de medición y de precio, salvo que el promotor cambie o amplíe el proyecto. En un contrato por unidades de obra se certifican las cantidades ejecutadas: un error de medición lo acaba pagando el promotor, y uno de precio, el constructor. Los errores del proyecto suelen terminar en modificados o reclamaciones.

Hay señales claras: partidas alzadas genéricas en lugar de unidades medidas, precios sin descompuesto, mediciones que no se pueden comprobar contra los planos, precios de mercado desfasados o capítulos que faltan, como medios auxiliares, seguridad y salud o gestión de residuos. Si no puedes seguir de dónde sale cada importe, conviene revisarlo antes de firmar u ofertar.

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